martes, 15 de febrero de 2011

¿De dónde viene tu consejo?



Dime de quién decides seguir consejo, y te diré cuánto durará tu reinado. Ese podría haber sido un buen proverbio si Salomón lo hubiera escrito. Le hubiera encajado como anillo al dedo a su hijo Roboam. El libro de I Reyes capítulo 12, narra la historia de cómo Roboam, descendiente directo de Salomón, una vez fallecido su padre se enfrenta a la disyuntiva de una solicitud que le hace el pueblo Israel.

"Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora tú disminuye algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos."

Desde nuestra perspectiva, la petición del pueblo no parecía nada extraordinario ni dificil de aprobar. El pueblo de Israel solo buscaba un poco de misericordia de su nuevo rey, y acambio prometian algo que todo rey sabio anhela, la lealtad de un pueblo de manera no forzada. Pero si seguimos leyendo, nos damos cuenta que Roboam tenía dudas al respecto. Falto de experiencia como rey, hace lo que cualquier persona inteligente haría, pedir consejo a personas más experimentadas.

"Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? Y ellos le hablaron, diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo, y lo sirvieres, y si les respondieres, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán para siempre."

Ojalá Roboam hubiera sido sabio,o si quiera calculador, para seguir el consejo de los ancianos que estuvieron frente a la persona más inteligente que haya existido. Roboam, supongo que un estado de inmadurez juvenil, decide ir con sus contemporáneos. Todos los amigos de barrio con los cuales se había críado desde pequeño. Estos le aconsejan totalmente lo opuesto y aún más. Le persuaden a que endurezca su yugo sobre ellos. La Biblia no lo dice, es más mi imaginación, pero casi que me los dibujo en la mente echándose unos tragos de vino mientras determinan dicha barrabasada.

Como era de esperarse, el pueblo no decidió seguir a un arrebatado poco clemente rey. Y he aquí que comenzó la lucha histórica entre la casa de Judá y la casa de Israel. Todo por la falta de sensatez para discernir entre lo sabio y lo torpe. Aunque debemos considerar también que Jehová tuvo su intervención en esto porque ya había determinado que sucediera esto. Pero no deja de haber culpa en Roboam, en la misma línea que Judás es culpable a pesar de que estaba escrito que el hijo de Dios sería entregado.

A todo esto, mi reflexión con respecto a esta lectura, y aplicándolo un poco a la realidad actual en la que vivimos los jóvenes, es que me doy cuenta que no valoramos para nada el consejo de los ancianos. Sí claro, tenemos nuestros pastores y líderes espirituales, pero haciendo un escaneo rápido en mis experiencias de vida, me doy cuenta que en la mayoría de las ocasiones en que he necesitado apoyo en decisiones críticas o importantes, he acudido a personas bastante cercanas a mi rango de edad. Culturalmente no estoy programado para ir a buscar a personas ancianas a las cuales pueda pedir un consejo. Y no que las deseche como lo hizo Roboam, sino que ni siquiera las determino.

¿Será que nuestra sociedad cadede de ancianos a los cuales un joven pueda ir con toda libertad a buscar ayuda? Claro está que nuestras experiencias quizás con abuelos que no fueron destacados por su ejemplo de vida, nos indispone de gran manera. Pero pienso que si guiaramos un cambio cultural en nuestra sociedad, los jóvenes buscarían a las personas mayores indistintamente de sus experiencias familiares. Es hermoso observar uno de esos programas donde se muestra como los muchachos en Japón invierten su tiempo en ir a atender a los ancianos en sus asilos. Hay una parte caritativa en esto, pero la otra parte me imagino es la riqueza que obtienen estos chicos de tratar con personas que han pasado por tanto en esta vida.

Debemos honrar a nuesto adulto mayor y darle el lugar que se merece.

jueves, 3 de febrero de 2011

Jonás, más que una historia de un gran pez...


A veces cuando nos acordamos de ciertas historias de la Biblia, nuestra mente responde un poco de manera programada como si dijeramos, "ah sí, la ya conocida historia de ...". Me dí cuenta que precisamente eso estaba haciendo con la archi-reconocidísima historia del algo controversial profeta Jonás. Sí, el Jonás que es tragado por un gran pez.

Este corto libro de la Biblia es famoso por el hecho asombroso que se relata. Jonás huyendo de la dirección de Dios es lanzado al mar por un grupo de marineros. Ahí es tragado por un gran pez el cual lo devuelve tres días después en la costa. Sin duda una historia que para los no creyentes es fábulesca, pero que para los que confiamos en Dios no resulta imposible de creer puesto que nuestro Dios formó el universo. Que tan difícil le resulta enviar un pez a tragar un hombre y que este no muera.

En fin, lo que más me llamó la atención en una lectura que hacíamos en un estudio biblíco grupal, fue el poner especial atención a lo que considero yo es el mensaje principal de este libro. La misericordia de Dios. El libro de Jonás relata una historia de redención de una ciudad que estaba condeanda a la destrucción por su pecado. Sin embargo no ocurrió como en Sodoma y Gomorra donde no hubo alerta ninguna a sus pobladores (o quizás sí lo hubo pero la Biblia no lo específica). En este relato Jonás es enviado a proclamar palabra de juicio de parte de Dios a la ciudad de Nínive. Dios les estaba dando una oportunidad de arrepentimiento a sus pobladores, y Jonás lo sabía:

2 Así que oró a Jehová y le dijo:

--¡Ah, Jehová!, ¿no es esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis, porque yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal. Jonás 4:2

En lo último del relato Dios decide darle una lección al molesto profeta, poniéndole un ejemplo de como el hombre se puede apegar a cosas triviales como lo es una calabacera que le cubra del sol. Es inclusive gracioso como nuestro profeta, ligero de palabras, lamenta su situación soltando una frase como: "Mejor sería para mí la muerte que la vida", solo porque un viento mandado por Dios secó su útil calabacera.

10 Entonces Jehová le dijo:

--Tú tienes lástima de una calabacera en la que no trabajaste, ni a la cual has hecho crecer, que en espacio de una noche nació y en espacio de otra noche pereció,

11 ¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales? Jonás 4:10-11

Para nosotros, seres mortales y limitados, no es dificil entender a toda cabalidad la enorme inmensidad de la misericordia de Dios. Pareciera fácil decir que Jonás era un hombre torpe y que uno no sería tan inmisericordioso como lo fue él al molestarse del perdón de Dios. ¿Pero quién garantiza eso? Existe todo un contexto que no me voy a detener a explicar en detalle, pero los estudiosos de la Biblia afirman que Nínive era una ciudad enemiga del pueblo de Israel que había invadido en una ocasión al pueblo de Dios. Es fácil tener compasión por alguien que estimas o que al menos no conoces. ¿Pero que tal alguien que te ha hecho mucho daño?

Siempre debemos examinar muy cuidadosamente estos relatos donde existe una interacción hombre-Dios, porque casi siempre Dios nos quiere ilustrar cuál es la condición caída del hombre, y cuál es la condición perfecta y digna de imitar de nuestro Señor y Rey.